Los niños, el marketing y el tiempo

13 agosto 2008 - Publicado por Jorge Arévalo

Ésta mañana desayunaba con un post realmente interesante de Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña sobre el poder de decisión de compra de los niños,  ya no sólo en productos infantiles sino también en productos de consumo cotidianos. 

Los niños están y estarán cada vez más expuestos a nuevos tipos de publicidad que generaciones anteriores no hemos “sufrido”. Internet ha llegado para quedarse y la generación Y lo asume de forma natural. 

Hace dos años, mi hijo jugaba online a un juego en el site de Nesquik realmente divertido. El conejito que hace de mascota del producto era el protagonista que tenía que superar distintas pruebas con cierta pericia.

El resultado, mi hijo con cuatro años sabía distinguir perfectamente en el estante del supermercado entre Nesquik y Cola Cao, no solamente por la mascota sino también por su logotipo. Tenía una elección influenciada en forma de juego, ¡con cuatro años!. 

Imagen campaña KTGMiguel González de KTG, agencia de marketing especializada en niños y adolescentes, me envió hace unos días información acerca de un producto que están lanzando en septiembre que resume perfectamente como las marcas saben que los niños son un blanco estratégico, incluso aunque no tengan productos infantiles que vender.

Quién no tenga niños y no se dedique al marketing tal vez no entienda demasiado de que va esta cuestión pero cualquiera que tenga un niño de, me atrevería a decir tres años en adelante, sabe de sobra de lo que hablamos.

Con todo, creo que el verdadero filón que han encontrado las marcas radica realmente en los padres, ya no al hablar de productos de consumo cotidianos sino de la PSP de turno o el juguete nuevo que nos piden cada diez minutos.

La falta de tiempo de calidad, es el mal endémico de los niños de nuestra generación. Nos falta tiempo y los primeros damnificados son nuestros hijos. Creemos que rodeándoles de cosas podremos compensarlo, pero realmente no es así. Ellos necesitan muchas menos cosas para ser felices y la mayoría no son materiales.

Hace un tiempo escuché a un conferenciante una historia que me hizo cambiar algunas cosas en la forma de pasar tiempo con mis dos hijos. Contaba que un día fue a comprarle a su hijo un DVD; al ir a pagarlo, se dio cuenta de que en realidad no le estaba haciendo un regalo a si hijo. Se estaba regalando a él mismo una hora y media de tranquilidad en casa. La hora y media en la que su hijo estaría viendo la película. 

Dejó el DVD y prefirió pasar la hora y media jugando con él. Y es que hay cosas que no tienen precio y para todo lo demás, ya está Master Card.


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